El silencio que siguió a la acusación de Valentina fue asfixiante. Las palabras "diez millones de dólares" flotaron en el aire como un insulto final, una prueba tangible de que, para Declan, todo se podía solucionar con una transferencia bancaria. Él la miró, dándose cuenta de que la brecha entre ellos no era solo geográfica, sino moral.—Ese dinero... —comenzó Declan, con la voz quebrada—, no era para comprar tu ausencia, Valentina. Era para asegurarme de que, si yo no despertaba de esa cirugía, tú nunca tuvieras que volver a pedirle nada a nadie. Ni a tu padre, ni a los Fairchild, ni al mundo. Fue el acto de un hombre que no sabía cómo decirte que eras lo único que quería proteger, aunque lo hiciera de la forma más estúpida posible.Valentina soltó una risa amarga, limpiándose una lágrima traicionera que rodaba por su mejilla.—Protección. Siempre usas esa palabra para disfrazar tu falta de fe en nosotros. Me lanzaste a los lobos, Declan. Me dejaste ver cómo te comprometías con Lore
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