El sol de Florencia comenzó a filtrarse por las rendijas de las persianas, pintando rayas doradas sobre el suelo de madera. Declan fue el primero en despertar. El sofá era corto y sus piernas sobresalían, pero extrañamente, había dormido con una profundidad que no conocía desde que Valentina se marchó. Se levantó con cuidado de no hacer ruido, se remangó la camisa blanca —ahora algo arrugada— y se dirigió a la pequeña cocina.
Casi media hora después...
Valentina, por su parte, empezó a emerger