Ese mediodía, el ambiente en el restaurante donde Adriana y Mila almorzaban era pesado, a pesar de la comida. Adriana no pudo ocultar más el caos que se vivía la compañía.
—La verdad es que todo es un desastre en la oficina —confesó Adriana, removiendo su ensalada sin mucho ánimo—. Como Declan se fue sin mirar atrás, su padre tuvo que enterarse de golpe. Silas trató de mantener la calma, ya sabes, se molestó. Sin embargo, lo peor no es él.
Mila dejó el tenedor, atenta.
—¿Entonces quién? ¿La mad