La respiración de Valentina era irregular. Acababa de colgarle a la mujer que más daño le había hecho desde las sombras, pero la adrenalina que le había permitido mantenerse firme empezaba a desvanecerse, dejando a su paso un temblor incontrolable en sus manos. Miró el teléfono sobre la encimera de la cocina. No iba a permitir que esa mujer la aterrorizara a miles de kilómetros de distancia.
Con los dedos aún temblorosos, encendió el aparato, buscó el número de Declan en la lista de bloqueados