Un par de días después, la atmósfera de duelo fue interrumpida por la llegada de Eleanor.Su madre entró con la eficiencia de un general en campaña. No traía sopa ni consuelo maternal; traía una gruesa carpeta de cuero negro bajo el brazo. Se sentó frente a Declan en la sala principal y, sin preámbulos, la abrió sobre la mesa de centro.—Hijo, sé que han sido días difíciles, pero el mundo no se detiene —dijo Eleanor, pasando las páginas con rapidez—. He hecho una selección preliminar. Aquí hay alrededor de cincuenta candidatas. Todas de buena familia, con linajes comprobados, sin escándalos ocultos y, por supuesto, genéticamente aptas.Declan miró las fotografías de mujeres desconocidas, sonriendo perfectamente en sus fichas, y sintió una náusea repentina.—¿Qué es esto, madre? —preguntó con voz gélida.—Tu futuro —respondió ella, señalando a una rubia en particular—. Esta es la hija del senador Miller. Educada en Suiza, discreta... sería una excelente compañera para esta nueva etapa.
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