Valentina caminaba por la acera, obligando a sus piernas a moverse con una rapidez que su cuerpo gestante apenas podía soportar. Cada paso era una batalla contra el impulso masoquista de girar la cabeza. En el fondo de su alma, en ese rincón infantil que todavía guardaba esperanzas, esperaba escuchar sus pasos.
Fantaseaba con que Declan la alcanzaría, la tomaría del brazo y le suplicaría perdón. Imaginaba que él le diría que el matrimonio con Lorena era una farsa sin importancia, que estaba di