Declan estaba sentado frente al ventanal, con la mirada perdida en el horizonte de cristal de la ciudad, cuando la presencia de su padre inundó la habitación. Silas se detuvo justo frente a él, observando con ojo clínico la palidez de su hijo y la tensión que emanaba de sus hombros.
—Todo es tan raro... —susurró Declan, sin apartar la vista del exterior. Su voz sonaba más profunda, cargada de una fatiga que no era física, sino del alma.
—Lo sé —respondió Silas con esa parquedad que lo caracter