El bolígrafo se sentía como un trozo de plomo entre los dedos de Declan. Mientras firmaba unos informes de rutina, la imagen de aquel otro documento —el que llevaba la palabra Divorcio en el encabezado— volvió a su mente con una nitidez aterradora. Podía sentir el roce del papel, el frío de la oficina aquel día y el vacío punzante en su pecho justo después de que la tinta se secase. Era un recordatorio que le quemaba la piel, una y otra vez, como si el tiempo se hubiera buclado en el momento ex