—¿Por qué me estás llamando? ¿Qué es lo que quieres de mí? —la voz de Valentina salió como un susurro cargado de espinas, mientras apretaba el teléfono contra su oído en la soledad de su nuevo departamento.
—Necesito que hablemos, Valentina. Necesito verte —respondió Declan al otro lado, con una urgencia que ella no lograba descifrar.
—¿Vernos? ¿Hablar? ¡Estás loco! —ella soltó una risa amarga que terminó en un nudo en la garganta—. Ha pasado una eternidad, Declan. Ni un mensaje, ni una señal d