Me refugié en mi habitación, intentando ignorar el nudo en el estómago que me provocaba mi propia orden.Había enviado a Alejandro a cazar. Y Alejandro, en su estado actual, no distinguía entre espantar a la presa y matarla.Me senté en el diván, con un libro que no leía, escuchando los sonidos de la casa. Oía los pasos pesados de la señorita Helga en el piso de arriba, patrullando el pasillo de la guardería como un gendarme.Y entonces, oí el grito.No fue un grito largo. Fue corto, agudo, seguido de un sonido que helaba la sangre.¡CRAACK!El ruido de un cuerpo golpeando madera. Y luego otro golpe. Y otro. Un ritmo macabro de carne y hueso rebotando contra los escalones de mármol de la escalera principal.Me levanté de un salto, tirando el libro.Corrí hacia la puerta y la abrí.El silencio que siguió al último golpe fue absoluto.Salí al pasillo. Me asomé a la barandilla de la galería que daba al vestíbulo de la planta baja.Abajo, en el suelo de mármol blanco y negro, yacía una fi
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