Capítulo 135

La puerta del despacho presidencial se cerró con un golpe que hizo vibrar los cristales blindados.

Lorenzo no se sentó. Caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, pateando una silla de visitas, tirando una escultura de bronce al suelo.

El aire olía a la adrenalina rancia de un hombre que sabe que está perdiendo el control.

—¡Me estás tomando el pelo! —rugió, girándose hacia mí. Su cara estaba roja, hinchada, las venas de su cuello palpitando peligrosamente—. ¿Crees que soy estúpido? ¿Cr
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