La paciencia de Alejandro se rompió un martes por la tarde.Entró en mi despacho de NexTech como un huracán, cerrando la puerta con pestillo y bajando las persianas.—No aguanto más —dijo, golpeando mi escritorio con las palmas de las manos—. Me tienes durmiendo a tu lado, oliendo tu pelo, escuchando tu respiración... pero no me tocas. No me dejas tocarte.—El trato era dormir, Alejandro. No follar.—¡El trato es una mierda! —Gritó, con los ojos inyectados en sangre—. Soy un hombre, Elena. Tengo necesidades. Y tú... tú eres mi obsesión. Me estoy volviendo loco. Necesito algo más que aire.Me recliné en mi silla de cuero, observándolo. Estaba al límite. Si no le daba una válvula de escape, explotaría.Y una explosión de Alejandro podía significar que le contara a Lorenzo sobre el embarazo o sobre Mateo.Pero no podía acostarme con él. No con el bebé creciendo dentro de mí. No con el riesgo de que notara los cambios en mi cuerpo que Lorenzo, cegado por su propia arrogancia, ignoraba.—T
Leer más