El jardín de la mansión Castillo ya no parecía una fiesta. Parecía una zona de guerra.
Lorenzo agarró una silla de hierro forjado y la lanzó contra la pantalla gigante donde, segundos antes, brillaba la pregunta que había destruido nuestra farsa de felicidad.
¡CRASH!
El panel LED se hizo añicos, chisporroteando antes de morir en negro.
Los invitados corrían hacia la salida como ratas huyendo de un naufragio. Nadie quería estar cerca cuando el Rey perdía la cabeza.
—¡¿Quién?! —rugió Lorenzo, gir