Capítulo 94

La paciencia de Alejandro se rompió un martes por la tarde.

Entró en mi despacho de NexTech como un huracán, cerrando la puerta con pestillo y bajando las persianas.

—No aguanto más —dijo, golpeando mi escritorio con las palmas de las manos—. Me tienes durmiendo a tu lado, oliendo tu pelo, escuchando tu respiración... pero no me tocas. No me dejas tocarte.

—El trato era dormir, Alejandro. No follar.

—¡El trato es una mierda! —Gritó, con los ojos inyectados en sangre—. Soy un hombre, Elena. Teng
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