No pude esperar a llegar a nuestro destino. Estando dentro del auto, ya tenía el teléfono entre las manos. La adrenalina aún me vibraba en la sangre, los oídos me zumbaban, pero nada importaba excepto una cosa.Encontrarlo.Alexander, sentado a mi lado, guardó un silencio extrañamente respetuoso, mirando por la ventana, pero su atención estaba clavada en mí. Lo sentía.Deslicé el dedo por la pantalla, abrí la carpeta, los archivos se desplegaron como una lista interminable de horrores perfectamente ordenados. Empecé a buscar con torpeza, casi desesperada.Busqué el nombre de mi hijo. Nada.Busqué el de mi ex, el padre del niño. Nada. Busqué el nombre del hospital. Demasiados resultados, ninguno que encajara.La desesperación empezó a treparme por la garganta, fría y asfixiante. Estaba tan cerca. Los datos tenían que estar ahí. Tenían que estar.Probé con variaciones, iniciales, errores comunes. Cero. Sentí un nudo subir por mi garganta, la impaciencia mordiéndome las entrañas.Cambié
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