La noche se me vino encima apenas cerré la puerta de mi habitación.
Me quité los zapatos y los dejé caer en cualquier parte. No encendí la luz. Caminé descalza hasta la ventana y me quedé ahí, mirando el jardín oscuro de la mansión Volkov como si pudiera encontrar respuestas entre las sombras.
El teléfono vibró.
No me sobresalté. Ya esperaba algo así.
> “¿Duele más perder la esperanza cuando la tienes tan cerca?”
Antes, ese mensaje me habría hecho saltar el corazón, habría llenado mi cabeza de