OLIVAR.Me quedé mirándola, y por primera vez en mucho tiempo, dejé que viera mi vulnerabilidad.—Perdóname, pequeña. Siento que no te he dado la vida que mereces. Desde que llegaste, solo han sido amenazas, ataques y sangre. Te he descuidado… he descuidado lo nuestro. No hemos tenido tiempo para conocernos de verdad, para decirnos cosas que no tengan que ver con la supervivencia. Quiero disfrutar de mi relación, quiero disfrutar de ti sin tener un arma en la mano.Emely suspiró, y sus ojos se suavizaron, perdiendo esa chispa de alerta que siempre tenía.—No tienes que pedir perdón por protegernos, Olivar. Es lo que eres.—No es suficiente ser el Alfa que protege, Emely. Quiero ser el hombre que te enamora todos los días —le interrumpí con voz ronca—. Quiero saber qué piensas cuando no estás asustada, qué sueñas cuando no hay pesadillas con Tamara o Vargo. Mañana, por unas horas, el mundo se va a detener. Solo seremos nosotros dos, celebrando que estamos vivos y que esos nombres que e
Leer más