EMELY.Bajé al comedor todavía con el corazón acelerado, pero ver a Selene allí, sentada con su impecable elegancia frente a una taza de café, me devolvió un poco de calma. Quién me iba a decir que semanas atras, cuando no la soportaba y sentía que sus ojos me juzgaban a cada paso, que terminaría convirtiéndose en mi mayor apoyo.—Emely, te ves... diferente esta mañana —dijo Selene, dejando su taza con delicadeza. De pronto, sus ojos se clavaron en mi mano—. Un momento... ¿eso es lo que creo que es? ¡Muéstrame ese anillo!Me sonrojé un poco y extendí la mano, dejando que la piedra brillara bajo la luz del sol.—¿Cuándo compró mi hijo esto? —preguntó ella, tomándome los dedos con una sonrisa de pura alegría—. Conozco sus movimientos, y juro que no lo vi salir a por él.—No tengo ni idea de cuándo lo hizo —respondí riendo, sintiendo el calor del recuerdo de la cabaña—. Me dio la sorpresa anoche, en medio de la cena. Y, obviamente, le dije que sí. No pude ni pensarlo.Claro, no iba a de
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