OLIVAR.
Estaba en la sala con Garino. El fuego de la chimenea era lo único que iluminaba el lugar mientras bebíamos un trago fuerte para bajar la tensión de la jornada. Le expuse el plan de mi padre sin rodeos.
—No voy a salir a buscarlo, Garino. Voy a hablar directamente con Vargo, lo voy a citar y lo voy a matar ahí mismo —dije, mirando el licor en mi vaso.
Garino me miró con escepticismo, dejando su trago sobre la mesa.
—Es una rata, Olivar. No va a caer en una trampa tan obvia. Se quedará e