EMELY.
Esa noche, el ambiente en la habitación era distinto. Olivar me preparó un baño caliente; el vapor llenaba el lugar con un aroma a esencias que buscaban relajarme, pero mi mente seguía fija en el trato. Me ayudó a entrar en la bañera y se sentó detrás de mí, usando una esponja para pasar el agua tibia por mis hombros con una delicadeza que solo él tenía conmigo.
—He aceptado, Olivar —dije casi en un susurro, mirando el agua—. Selene me contó su historia con tu padre.
Sentí cómo sus manos