La Diosa Selene caminó hacia mí.No dejaba huellas en el cristal. Su armadura de luz no hacía ruido.Se detuvo a un metro.Y por primera vez, vi su cara.Me quedé helada.Era mi cara.Pero no era yo. Era una versión "corregida" de mí.Tenía mis ojos, pero sin las arrugas de reír o llorar. Tenía mi boca, pero sin la mancha de sangre o vino. Tenía mi cuerpo, pero su piel era lisa, sin poros, sin estrías, sin cicatrices de parto.Era una muñeca de porcelana perfecta. Fría. Muerta.—Te pareces a mí —dijo Selene. Su voz sonaba como hielo rompiéndose—. Pero estás rota. Estás sucia.—Estoy viva —repliqué, limpiándome el sudor de la frente—. Tú pareces un filtro de Instagram.Selene no entendió el insulto. Miró a mis hombres, que seguían en el suelo, aplastados por su gravedad divina.—Levantaos —ordenó la Diosa.La presión desapareció.Rafael, Mateo, Víctor, Damián y Magnus se pusieron de pie, tambaleándose.Pero no me miraron a mí. Miraron a Ella.Sus ojos estaban muy abiertos. Era su Cread
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