La noche cayó lentamente sobre la mansión de los Beltrán, iluminada por las luces cálidas del jardín y el murmullo familiar que siempre llenaba aquel lugar a la hora del té. Era una costumbre de los Beltrán reunirse todos los días a la misma hora, para tomar el té con Elena, Tomás y Alma habían participado de las tardes de té, pero Tomás era reacio a compartir tanto tiempo con su familia, así que a veces Alma iba sola. Dentro de la casa, todo parecía tranquilo… hasta que el sonido de un auto frenando bruscamente rompió la calma.Tomás bajó del vehículo con pasos inseguros.Había bebido demasiado.No había podido soportar la idea de esperar al día siguiente para enfrentar a su hermano.Entró sin tocar.En la sala estaban Mateo, Elena, Julia, Clara y los sobrinos de Tomás jugando en el suelo. Las risas se apagaron de inmediato cuando lo vieron, estaba visiblemente confundido.El silencio se volvió pesado.Mateo fue el primero en ponerse de pie, tensándose.—Tomás… —dijo Elena con sorpre
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