La música continuaba vibrando en el club, pero para ellos parecía un eco lejano.
Mateo y Alma bailaban con una mezcla de entusiasmo y timidez. Sus movimientos eran torpes por momentos, inseguros, como si ambos estuvieran atravesando un territorio completamente nuevo.
Había algo casi inocente en la forma en que se miraban.
Parecían dos adolescentes que se gustaban profundamente pero que no sabían muy bien qué hacer con esa emoción.
Aun así, ninguno se alejaba.
El tiempo parecía haberse detenido