Laura estaba sentada en la penumbra de su departamento, observando la pantalla de su teléfono con una sonrisa lenta, satisfecha.
Había aprendido hace mucho tiempo que la paciencia era una virtud subestimada.
Las personas impacientes cometían errores.
Las personas desesperadas se delataban.
Pero ella no.
Laura sabía esperar.
En la pantalla brillaban varias fotografías. Algunas estaban borrosas, otras más nítidas. En una de ellas podía verse claramente a Alma y Mateo entrando juntos al club Lumin