Mateo y Alma estaban en el patio apenas afuera del salón, Tomás seguía a Mateo pero no alcanzó a salir, Laura lo detuvo unos metros antes, ella observaba la escena con una calma inquietante. No intervenía, no hacía ruido, no necesitaba hacerlo. Todo se estaba desarrollando exactamente como lo había previsto. La tensión entre los tres era palpable, casi visible, y lo único que debía hacer era asegurarse de que no se disolviera demasiado pronto.Tenía a Tomás tomado de su brazo, necesitaba mantenerlo lejos pero a la vez cerca, cuando vio la escena, perfectamente montada, supo que ese era el punto de quiebre.—Espera… —murmuró, con un tono calculado—Tomás, tenso, obedeció. Se quedaron a una distancia prudente, lo suficientemente cerca como para escuchar, lo suficientemente lejos como para no ser vistos de inmediato.Y entonces todo comenzó a desmoronarse.Mateo, confundido, intentaba entender las palabras de Alma. Ella, con el orgullo apenas sosteniéndola en pie, insinuaba lo que había
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