Alma pasó dos horas esperando en aquel restaurante, con una mezcla de esperanza y desasosiego. La noche avanzaba lentamente, y la ansiedad se acumulaba. Finalmente, decidió llamarlo. Al otro lado de la línea, una voz familiar respondió con frialdad.—Alma, querida, Tomás no puede atenderte, está muy ocupado en este momento. Que tengas una linda noche.La llamada se cortó abruptamente. Alma no pudo evitar que las lágrimas aparecieran. Una parte de ella aún creía que todo podía mejorar, que Tomás volvería a ser el hombre que alguna vez la había cuidado. Pero ahí estaba él, dejándola plantada para irse con Laura. Laura, siempre tan calculadora, borró el registro de la llamada, dejando a Tomás allí, dormido, sin recordar nada.Abatida, Alma decidió que ya no podía esperar más. Entró al despacho de Tomás, buscando pruebas, cualquier indicio que le permitiera confrontarlo y poner fin a ese juego psicológico. Al día siguiente, Tomás despertó con un dolor de cabeza punzante, sin entender bie
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