Laura salió de la oficina con una sonrisa que apenas ocultaba su satisfacción. El plan había funcionado. Alma había caído en su trampa, y Tomás, una vez más, había tomado partido. Mientras caminaba por los pasillos, ordenó a Celeste y Esteban que se retiraran, que no se quedaran, que luego por la tarde los llevaría por un helado.
—Vayan a casa —les dijo con voz firme—. Más tarde vamos a recompensarlos por el momento.
Esa noche, Tomás había preparado algo especial para Alma. Era un intento de nue