Alma pasó dos horas esperando en aquel restaurante, con una mezcla de esperanza y desasosiego. La noche avanzaba lentamente, y la ansiedad se acumulaba. Finalmente, decidió llamarlo. Al otro lado de la línea, una voz familiar respondió con frialdad.
—Alma, querida, Tomás no puede atenderte, está muy ocupado en este momento. Que tengas una linda noche.
La llamada se cortó abruptamente. Alma no pudo evitar que las lágrimas aparecieran. Una parte de ella aún creía que todo podía mejorar, que Tomás