La decisión de dormir en cuartos separados no llegó como una discusión, sino como una rendición silenciosa, Alma pensó que debía comenzar a ceder si quería que Tomás la perdonara, él fue quien lo propuso, con voz cansada y un gesto que Alma aprendió a reconocer como definitivo.
—Estoy muy estresado —dijo—. Me cuesta dormir. Esto me ayudaría a descansar mejor.
Alma asintió. No porque estuviera convencida, sino porque ya no quería sumar otra grieta a las que comenzaban a dibujarse entre ellos. Se