Alma volvió a Puerto Niebla sin avisar.
No lo hizo por impulso ni por nostalgia. Lo hizo porque algo dentro de ella, por primera vez en mucho tiempo, estaba en silencio. No el silencio del miedo, sino el de la decisión tomada.
La casa la recibió intacta, demasiado ordenada. No había rastros de caos ni de ausencia, como si Tomás nunca se hubiera ido… o como si hubiera aprendido a borrar cualquier huella de sí mismo. Alma dejó la valija en el recibidor y caminó despacio, recorriendo cada ambient