La puerta de la caja fuerte quedó entreabierta, como una boca que acababa de pronunciar una verdad demasiado grande.Alma no se movió de inmediato. Permaneció sentada frente a ella, con las manos apoyadas en los muslos, respirando despacio, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto más denso. Durante días había deseado ese momento. Durante horas había pensado que, una vez abierta, todo sería claro.No estaba preparada para lo que encontró.Tomó el primer documento con dedos temblorosos.Era un título de propiedad.Leyó una vez.Luego otra.Después, en voz baja, como si al pronunciarlo pudiera cambiar algo.La casa de la playa.Esa casa.La que había visto en las historias.La que reconoció de inmediato.La que Tomás le había dicho que no existía, que no era real.El documento era claro, preciso, imposible de malinterpretar.Propietarios: Tomás y Laura, sus nombres juntos, estaban ahí como copropietarios, juntos pero más que eso,estaban allí, como si nada como quien guarda u
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