El encuentro fue casual, casi insignificante en apariencia.Alma caminaba por el jardín lateral de la empresa cuando escuchó una risa infantil, clara, despreocupada. Se giró por reflejo y lo vio: un niño sentado en el borde de una fuente, pateando suavemente el agua con las zapatillas puestas, mientras Laura hablaba por teléfono a pocos metros.—Esteban —dijo ella, sin pensarlo—. Ten cuidado.El niño levantó la vista.Tenía unos diez años, el cabello castaño claro apenas desordenado y un rostro sereno, curioso. Sus ojos eran de un azul intenso, idénticos a los de Laura, pero había algo más… algo que descolocó a Alma. Una sensación inmediata, visceral, como si ese rostro le resultara extrañamente conocido.Esteban la miró sin timidez.—Hola —dijo, con una sonrisa abierta.—Hola —respondió Alma, sorprendida por la calidez que le brotó en el pecho.Laura colgó el teléfono y se acercó.—Esteban, ella es Alma.—¿La esposa de Tomás? —preguntó el niño, con naturalidad.Alma asintió, divertid
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