La atmósfera en la mansión Di Santi era una mezcla de alivio y una tensión persistente. Tras regresar del hospital, Ángelo caminaba de un lado a otro en el gran salón, con una copa de whisky en la mano y la mandíbula apretada. Cassandra lo observaba desde el sofá, conociendo perfectamente cada uno de sus gestos.—¡Es que no me entra en la cabeza, Cassandra! —exclamó Ángelo, deteniéndose en seco—. ¡Embarazada! Después de todo lo que pasó con la leucemia... Wei ha sido un imprudente.—Ángelo, por favor, detente —dijo Cassandra con voz calmada pero firme—. Deja de ser tan violento en tus pensamientos, te pareces a Wei en ese sentido. Entiendo que él cometió un error, pero lo está remediando. Ahora lo que necesitan es nuestro apoyo, no nuestras amenazas.Ángelo suspiró, dejando la copa sobre una mesa de mármol. Se acercó a su esposa y le tomó las manos.—Me costará, Cassandra, créeme. Pero mi hija estará bien, te lo prometo. Tú sabes que te amo... y perdón si he sido una mierda con Wei es
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