El aire en el bosque era fresco y silencioso, una paz total que envolvía la cabaña. Clara y Cassandra entraron al lugar, dejando atrás el ajetreo de la ciudad. La cabaña, preparada por la gente de Ángelo y Jessica, lucía impecable, pero había algo diferente.Al entrar en la habitación principal para dejar sus cosas, Clara se detuvo en seco. Sobre la colcha de seda negra, destacaba una caja de terciopelo abierta y un vestido de seda esmeralda de una finura extrema. Se acercó lentamente, con el corazón latiéndole con fuerza. Tocó la tela, sintió la calidad, y luego tomó el collar.—Dios mío... —susurró, con los ojos agrandados. El loto de diamantes negros y rosa resplandecía bajo la luz tenue.Cassandra se acercó, conteniendo una sonrisa. Al ver el conjunto, entendió de inmediato quién había estado allí.—Es un regalo de Wei, ¿verdad? —preguntó Cassandra, acariciando el hombro de su hija.Clara se quedó paralizada un momento, procesando la realidad: Wei lo sabía todo.Todo el plan, la co
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