El estacionamiento del hospital estaba sumido en una penumbra fría, interrumpida solo por el parpadeo de unas luces de neón que acentuaban el dramatismo de la escena. Elizabeth caminaba rápido, con sus tacones resonando contra el pavimento como disparos en la noche, tratando de huir del olor a hospital y de la culpa que la asfixiaba.Zhang, que había estado esperándola en las sombras, se enderezó y comenzó a seguirla. Sus pasos eran pesados, cargados de una ansiedad que nunca antes había sentido.—¡Elizabeth, espera! —exclamó Zhang, su voz resonando en el vacío del lugar.Ella no se detuvo. Al contrario, apretó el paso, buscando desesperadamente las llaves de su coche en su bolso. Zhang, con su zancada larga, la alcanzó en pocos segundos y la tomó suavemente del brazo para obligarla a girarse.—Eli, por favor... tenemos que hablar —suplicó él, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño y el arrepentimiento.Elizabeth se giró con una lentitud gélida. Sus ojos, antes llenos
Leer más