El jardín parecía suspendido en el tiempo, una burbuja de serenidad donde el único sonido era el suave murmullo de las fuentes y los gorjeos de los trillizos.
Clara se acomodó frente a uno de los lienzos nuevos. Con movimientos suaves, comenzó a trazar las primeras líneas con un carboncillo, esbozando una silueta femenina rodeada de mariposas y flores de loto. Cassandra, sentada cerca con uno de los bebés en brazos, soltó una carcajada al recordar los primeros días de los trillizos.
—No tienes