El drama se traslada de las paredes blancas del hospital al frío y sofisticado ambiente de Londres, donde la distancia física no es suficiente para apagar el incendio emocional de los Ling.
Elizabeth entró a su suite en el hotel de Londres con el corazón martilleando contra sus costillas. Se sentía sola, vulnerable y profundamente culpable, pero por encima de todo, sentía una indignación que le quemaba la garganta. La voz de Zhang llamándola "cualquiera" se repetía en su cabeza como un insulto