Pasó la punta de su lengua por la cabeza del miembro de Wei, trazando círculos lentos que lo hicieron jadear. Luego, descendió hacia sus testículos, acariciándolos con una suavidad que lo hacía retorcerse. Wei sentía que perdía el control; ver a su loto así, entregada y dominante al mismo tiempo, era la fantasía más oscura y hermosa que había tenido.Entonces, Clara buscó algo en la mesa de noche: una menta. La puso en su boca y la trituró lentamente con sus dientes, dejando que el frescor inundara su cavidad bucal. Volvió a entregarse a él, y cuando Wei sintió el contraste del calor de su boca con el frío intenso de la menta, soltó un rugido que resonó en toda la habitación.—¡Ahhh, Clara! —exclamó Wei, agarrándose a las sábanas mientras ella lo tomaba por completo, succionando con una intensidad que lo llevaba al borde del abismo. El efecto del mentol en su piel sensible era una tortura deliciosa que lo hacía vibrar.Cuando Wei sintió que estaba a punto de perder el sentido, tomó a
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