La tensión en el hospital era una neblina espesa. Antes de poner un pie fuera del país, Zhang fue a buscar a su hermano. Encontró a Wei en el jardín, mirando al vacío con una copa de whisky que no había probado. Al contarle que Elizabeth se había escapado a Londres, Zhang esperaba una orden de guerra, un comando para traerla de vuelta a la fuerza.
Pero Wei lo miró con una sabiduría amarga, una que solo el dolor de haber lastimado a Clara le había dado.
—Dale espacio, Zhang. No seas como nuestro