El bosque quedó en silencio.Un silencio sucio, roto apenas por el viento entre las hojas y la respiración irregular de Anabel, todavía de rodillas, con Valeria muerta entre sus brazos como si soltarla fuera una traición final.Francesco no se movió de inmediato.Miraba la escena como si no perteneciera a su vida, como si fuera el castigo exacto que el mundo había decidido darle por cada error acumulado. Sus hombres permanecían a distancia, rígidos, sin saber dónde poner la mirada. Nadie se atrevía a hablar.El cuerpo de Valeria comenzaba a enfriarse.Anabel lo sintió antes de aceptarlo.—No… —susurró, meciendo el cuerpo—. No te vayas así… no después de todo…Sus manos estaban cubiertas de sangre. Sangre que no era suya. Sangre que había prometido no volver a derramar nunca más… y aun así estaba ahí, empapándole la ropa, marcándola para siempre.Francesco dio un paso.Luego otro.Se detuvo frente a ella y se agachó despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper lo poco q
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