La celda, un espacio frío y sombrío, se transformó en un crisol de deseo y desesperación. La alianza forjada entre Vincenzo y Valeria, impulsada por la sed de venganza, había evolucionado hacia algo más profundo, algo que desafiaba la lógica y la razón. La prisión, su jaula, se convirtió en el escenario de un romance oscuro y tóxico, donde la pasión desenfrenada se entrelazaba con la amenaza constante de la muerte.Una noche, bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por las rejas, la tensión acumulada estalló. Valeria, con su belleza enigmática y su mirada llena de fuego, se acercó a Vincenzo. La proximidad, el roce de sus cuerpos, desató una tormenta de emociones. El deseo, reprimido durante meses, se desató con una fuerza brutal.—Ya no puedo más, Vincenzo —susurró Valeria, su voz ronca por la emoción.Vincenzo, con la mirada fija en la suya, asintió. La venganza, el plan, todo parecía desvanecerse ante la intensidad de ese momento. La necesidad de tocarla, de sentirla, lo consu
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