El grito atravesó el pasillo como un cuchillo.—¡Ayuda! —se escuchó en el medio de la noche.—Es NyraLysandra salió corriendo de su habitación, con el corazón desbocado. En el trayecto logró tomar una bata y ajustársela al cuerpo con manos torpes, más por pudor que por frío. La puerta de la niña estaba entreabierta y la luz encendida. El llanto era agudo, desesperado.Entró sin llamar.Nyra estaba sentada en la cama, temblando, con los ojos desbordados de lágrimas. Al verla, se lanzó hacia ella con un sollozo ahogado.—No quiero irme… —balbuceó—. No quiero que me lleve.Lysandra la envolvió en un abrazo firme, inmediato, como si su cuerpo supiera exactamente qué hacer. La meció con suavidad, apoyando la mejilla en su cabello.—Shh… tranquila, pequeña —susurró—. Nadie va a llevarte a ningún lado. Estás a salvo. Me has dado un susto pensé que te habías lastimado.La puerta volvió a abrirse. Kael apareció en el umbral, descalzo, con el ceño fruncido por la preocupación. Avanzó despacio,
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