Chloe DonovanEl aire en el club Vortex era una masa sólida de calor, sudor y perfume barato. Después de posponer Florencia, después de la agonía de esperar noticias de Mia y de ver a mi hermano Liam consumiéndose en vida, necesitaba quemar la ansiedad. Necesitaba dejar de ser la hermana protectora, dejar de ser la artista endeudada y, sobre todo, dejar de ser la mujer que Dominic Blackwood había marcado en su ático.Salí con un grupo de conocidos de la facultad, gente que no hacía preguntas, gente que solo quería bailar hasta que los pulmones ardieran. Pero esta noche, algo era diferente.—Toma esto, Chlo. Es cortesía de la barra —me dijo una chica cuyo nombre apenas recordaba, pasándome un vaso con un líquido azul neón.Bebí sin pensarlo. Estaba sedienta de olvido.Al principio, la música era un refugio. El bajo retumbaba en mis huesos, ayudándome a no pensar en el vacío que había dejado mi libertad aplazada. Pero, a los veinte minutos, el mundo empezó a distorsionarse de una manera
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