Chloe Donovan
Tenía el contrato de Florencia sobre la mesa de mi taller. Las cláusulas eran un sueño: una galería prestigiosa, un apartamento cerca del Arno y la distancia suficiente para que el nombre de Dominic Blackwood fuera solo un eco borroso en mi memoria. Estaba lista para firmar, lista para huir de la gárgola que me reclamaba en mis sueños y me asfixiaba en la realidad.
Pero entonces, el mundo de los Blackwood volvió a chocar contra el mío, y esta vez no fue por dinero o deudas, sino p