Chloe Donovan
Intenté pintar. De verdad lo intenté. Pero cada vez que el pincel tocaba el lienzo, veía la gárgola, sentía el agua fría de la ducha o el calor de la mano de Dominic en mi cintura. Mis manos, que antes eran mi herramienta de control, ahora parecían ajenas, vibrando con una ansiedad que no podía calmar con pigmentos. Al final, tiré la paleta al suelo y cerré el taller con un estruendo. Necesitaba aire, pero sobre todo, necesitaba el caos familiar para silenciar el caos de mi cabeza