Dominic Blackwood
Entré en el ático cargándola como si fuera un fardo de dinamita a punto de estallar. El silencio del lugar se vio interrumpido por su respiración rota, un sonido animal que me calaba hasta los huesos. Chloe se retorcía en mis brazos; su piel, antes pálida, ahora vibraba en un tono rosado febril, y el calor que emanaba de ella traspasaba mi camisa como si fuera lava.
—Frío... —jadeó, hundiendo sus uñas en mi cuello—. Dominic, por favor... necesito que pare... me quema por dentr