El golpe me sacó el aire de los pulmones y me envió rodando por la tierra volcánica.La grava se clavó en mi piel, pero el dolor fue secundario a la humillación.—Muerta.Sera estaba parada sobre mí, ni siquiera jadeaba. Sus garras estaban a milímetros de mi garganta.—Telegrafiaste el ataque —dijo, ofreciéndome una mano para levantarme—. Miraste mi hombro izquierdo antes de golpear. Si fuera un guardia de Aurora, tendrías un dardo en el cuello.Acepté su mano y me puse de pie, escupiendo tierra y sangre.—Otra vez.—Lucía, llevamos cuatro horas. —Sera se pasó una mano por el cabello corto, sudorosa pero infatigable—. Tu técnica mejora, pero tu instinto sigue siendo humano. Piensas demasiado.—Tengo que pensar. No tengo tu fuerza ni tus años de experiencia.—No. Tienes algo mejor. —Señaló mi pecho, donde la marca de la manada seguía cicatrizando—. Tienes velocidad. Úsala.Estábamos en el claro de entrenamiento, rodeadas por los acantilados negros de la isla. El viento soplaba fuerte,
Leer más