Cuatro días.Cuatro días de rutina asfixiante, de muestras etiquetadas y silencios calculados. Cuatro noches de gritos lejanos y sueños fragmentados donde Elena me llamaba desde celdas que nunca lograba alcanzar.Pero también cuatro días de observación. De memorización. De construcción paciente del rompecabezas que era la Instalación Aurora.El Nivel Blanco era el más extenso. Laboratorios, oficinas administrativas, dormitorios del personal, áreas de servicio. Aquí trabajaban los técnicos, los auxiliares, los cocineros y limpiadores que mantenían la maquinaria funcionando. La mayoría no sabía —o fingía no saber— qué ocurría en los niveles inferiores.El Nivel Azul era territorio restringido. Lo había visto solo a través de puertas de cristal reforzado cuando pasaba por los pasillos conectores. Batas azules en lugar de blancas. Guardias con armas más grandes. Y siempre, siempre, ese olor tenue a miedo y antiséptico que se filtraba por las rendijas.Elena estaba ahí. En la celda AZ-07.
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