La visión me escupió de vuelta al claro con la violencia de un naufragio.
Caí de costado, mi cuerpo luchando entre formas. Pelaje y piel. Garras y uñas. La transformación inversa no dolía menos que la primera; solo dolía diferente. Como si me arrancaran una segunda piel que había empezado a sentir como propia.
Manos humanas encontraron tierra. Rodillas desnudas rasparon ceniza. Mi garganta ardía con el eco de un aullido que no recordaba haber emitido.
—¡Lucía! —Dante estaba a mi lado antes de q