El tiempo se detuvo.No de forma metafórica, sino literal. El dardo que volaba hacia mi pecho pareció congelarse en el aire, y durante un fragmento de segundo que duró una eternidad, pude ver cada detalle: la aguja brillante en la punta, el líquido amarillento dentro del cilindro, las gotas de condensación en el metal.Y luego me moví.No conscientemente. Mi cuerpo actuó por instinto, contorsionándose de una forma que no debería ser posible, esquivando el dardo por milímetros mientras mi mano izquierda, completamente transformada en garras, atravesaba el aire hacia mi atacante.Lo alcancé antes de que pudiera disparar de nuevo.El impacto lo lanzó hacia atrás, su rifle cayendo de manos súbitamente flácidas. No lo maté, pero tampoco fui gentil. Tres cortes profundos cruzaban su pecho cuando cayó, inconsciente o en shock, la sangre formando un charco oscuro sobre la tierra volcánica.El mundo volvió a su velocidad normal, y con él llegó el agotamiento.Caí de rodillas, jadeando, mientra
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